Un convenio regulador de divorcio firmado vincula a los esposos al margen de que no se ha ratificado

El archivo fue anunciado adjuntado con la demanda de mutuo acuerdo, pero el marido no fue a ratificarlo al juzgado

El Tribunal Supremo (CONSULTE AQUÍ LA RESOLUCIÓN) ha dictado una sustancial sentencia por la que proporciona plena validez a un convenio regulador firmado por los dos esposos pero que no fue después ratificado en el juzgado.

Los cónyuges habían llegado a un convenio en relación a las medidas económicas que iban a regir tras su divorcio, presentándose el convenio firmado frente el juzgado para comenzar un trámite de mutuo acuerdo.

No obstante el marido no acudió a la cita en el día señalado para ratificarse, por lo cual más adelante la mujer interpuso una demanda contenciosa de divorcio aportando el convenio que se había firmado con anterioridad.

Tras pasar el asunto por el Juzgado y la Audiencia Provincial, la Salón de lo Civil del Tribunal Supremo se pronuncia sobre esto, detallando que ese convenio aportado puede considerarse como un negocio jurídico de familia que tiene fuerza para obligar a quienes lo suscribieron.

El Supremo justifica su decisión en la jurisprudencia que vino dictando a lo largo de años en relación a la naturaleza de los convenios que regulan las ocasiones de crisis matrimonial.

Señala que es visible que ese convenio, no ratificado, no puede conformar parte del desarrollo de divorcio de mutuo acuerdo, y pierde efectividad en ese contexto, pero eso no impide que se le califique como un negocio jurídico válido y eficiente.

No se habla sencillamente, como había alegado el marido, de un mero archivo de negociación que podía aprobarse o no, y que por consiguiente no podía tener secuelas dañinos para quien no lo ratificara.

De la lectura del convenio pactado concluye que tenía que ver con un archivo muy bien estructurado y animado, interviniendo en su estudio y redacción los abogados de las dos partes. No era por consiguiente fruto de una decisión precipitada o irreflexiva.

Y como tal contrato familiar que es, vincula a las partes que lo firmaron, salvo que el que se oponga al mismo acredite, bien que existió una modificación grave de las situaciones que le llevaron a firmarlo, o que se dio un vicio en el consentimiento, como error o dolo, situaciones que invalidan los contratos según establece nuestro Código Civil.

No dándose las anteriores situaciones, la Salón I concluye la validez del convenio y de los acuerdos en él plasmados.

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